Actualmente, los espacios productivos e inteligentes marcan una evolución para el segmento productivo en América Latina. Con esto, el diálogo con nuestros clientes pasó del predecible “Necesitamos renovar salas de reuniones e instalar impresoras nuevas” a orientarse al valor.
Por esto, hoy la conversación es muy distinta: “Necesitamos que nuestros equipos colaboren con la misma eficiencia sin importar dónde estén”. Con una conexión fluida, datos blindados y con un área de tecnologías de la información (TI), que deje de vivir apagando los incendios.
Dicho giro revela un cambio de paradigma, donde el espacio de productividad dejó de ser un simple lugar físico. Para transformarse en un ecosistema vivo, tanto de personas como de los procesos y la propia tecnología, así se puede pasar del escritorio a un ecosistema inteligente.
En este contexto, los espacios productivos e inteligentes se consolidan a lo largo de América Latina donde tendencias como IA son aceleradores clave. De acuerdo con investigaciones del Foro Económico Mundial y McKinsey, esta tendencia podría impulsar una adopción integral.
Así, Latinoamérica enfrenta un desafío estructural relacionado con mejorar su productividad. Al respecto, la consultora McKinsey estima que si la región iguala un ritmo de crecimiento de economías comparables, en las últimas décadas. Con eso el PIB podría crecer hasta un 60%.

Empresas de la región apuestan por espacios productivos e inteligentes
Se debe tener en cuenta, que los espacios productivos e inteligentes (Intelligent Workplace) no son un repositorio de herramientas aisladas. Ya que son entornos donde la colaboración, seguridad, automatización e infraestructura tecnológica, deben conjugarse para crear valor.
Con esto se apoya a los flujos reales de trabajo, tanto de la gente como de las organizaciones del sector productivo. Donde el problema real para las empresas de la región, no es la falta de tecnología sino la deficiente integración entre plataformas, soluciones y servicios de TI.
Otro factor clave, es la pared tecnológica. El cual se refiere a que las salas de reunión con pantallas de última generación no logran conectar con las plataformas que usamos en el hogar. Con esto se estropea el ritmo de la colaboración, algo que impacta a nivel de productividad.
Por su parte, la seguridad que aísla también se relaciona con una falta de integración con las demás áreas de las organizaciones. Esto se traduce en accesos complicados a las soluciones y herramientas empresariales, así los espacios productivos e inteligentes deben cambiar eso.
Finalmente, la diferencia entre una oficina moderna y un Intelligent Workplace radica en la capacidad de convertir las complejidades en ventajas competitivas. Por eso, en los siguientes años Latam decidirá si sólo consume TI o prefiere diseñar sus propios espacios productivos.
Por Patricio Fernández, country manager para Ricoh Chile









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