La resiliencia de datos en ciberseguridad vive bajo una presión constante. La velocidad y sofisticación de los ataques ya no dan tregua, Los profesionales del sector lo saben.
Nadie entra a este mercado esperando calma. Sin embargo, la escalada actual resulta abrumadora.
El volumen de amenazas crece. También su complejidad y capacidad de adaptación. El desafío ya no es sólo tecnológico, es estratégico.
De acuerdo con el World Economic Forum (WEF), América Latina encabeza un indicador preocupante. Apenas 14 % de los directivos de TI, Seguridad de la Información y Negocios se sienten confiados en la preparación de sus países.
Solo 4 % se dicen muy confiados frente a incidentes mayores contra infraestructura crítica. El 42 % no confía en absoluto.
La región supera incluso a África, donde 36 % no confían, pero 27 % sí lo hacen y 9 % se declaran muy confiados. Las cifras reflejan una percepción de vulnerabilidad estructural. No se trata de alarmismo, sino de realismo operativo.
La evolución de la inteligencia artificial dejó de ser teórica. Hoy es herramienta activa en manos de atacantes. El phishing alcanzó niveles de sofisticación alarmantes. Los chatbots generan código maliciosoa medida con rapidez inédita.
La innovación criminal avanza al mismo ritmo que la tecnológica, a veces, incluso más rápido que la resiliencia de datos en ciberseguridad.
Cuidado con la falsa sensación de seguridad
En este entorno, la regulación ha avanzado pero el cumplimiento no debe confundirse con protección integral.
Normativas como NIS2 y DORA, surgidas en la Unión Europea, marcan un precedente en resiliencia digital. NIS2 impacta sectores críticos como Energía, Transporte, Banca, Salud e Infraestructura Digital.
Mientras DORA se enfoca en el sector financiero, uno de los más atacados globalmente.
Ambas regulaciones tienen implicaciones para organizaciones fuera de Europa, incluido México, cuando operan o prestan servicios en la UE.
NIS2 consolidó la resiliencia como responsabilidad directa de la alta dirección. Ya no es un asunto exclusivo del área técnica. DORA, por su parte, pone énfasis en el riesgo de terceros y proveedores TIC.
También eleva estándares en gestión de riesgos y notificación de incidentes, aspecto crítico ante ataques crecientes.
La alta dirección debe gestionar activamente el riesgo cibernético. La resiliencia ya compite con ventas y rentabilidad. Sin embargo, cumplir con la norma no equivale a estar protegido, una organización puede estar en regla y, aun así, ser vulnerable.
La falsa sensación de seguridad es uno de los riesgos más peligrosos del actual entorno regulatorio.
Mantenga la calma; la resiliencia de datos sí es posible
La seguridad empresarial enfrenta una tormenta perfecta. Nuevos atacantes emergen con herramientas optimizadas y accesibles. Mientras tanto, muchas compañías concentran esfuerzos en auditorías y certificaciones.
El riesgo es claro: priorizar el cumplimiento puede invisibilizar brechas críticas en resiliencia real. En este escenario, mirar hacia adentro se vuelve imprescindible.
El primer paso es adoptar Modelos de Madurez de Resiliencia de Datos, conocidos como DRMM.
Estos modelos permiten evaluar el nivel actual de resiliencia y trazar una hoja de ruta clara. En lugar de abordar controles aislados, integran procesos, tecnología y gobernanza.
El enfoque deja de ser fragmentado y se convierte en sistémico.
El segundo paso es fortalecer la capacidad de recuperación. Si el Plan A es resistir, el Plan B debe garantizar continuidad operativa.
Los ataques actuales son más frecuentes e impredecibles que nunca, por ello, la recuperación no puede ser improvisada.
Las organizaciones deben preguntarse cuánto tardarían en restablecer operaciones críticas. Si la respuesta compromete ingresos, reputación o clientes, el plan necesita ajustes urgentes.
La resiliencia de datos en ciberseguridad no se construye en semanas. Es una carrera de fondo, implica inversión sostenida, cultura organizacional y liderazgo comprometido.
La ciberseguridad dejó de ser un gasto técnico. Es un habilitador estratégico de negocio en un mercado donde la disrupción es constante, sobrevivir depende de anticipar.
Y en esa ecuación, la resiliencia ya no es opcional. Es la nueva ventaja competitiva.
Por Tomás Dacoba, director senior de Marketing de Veeam para Latinoamérica









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