En un ecosistema dominado por buscadores con inteligencia artificial (IA), la nueva reputación corporativa es todo un reto para el sector productivo. Debido a que ahora dicha percepción, se construye con las lecturas del algoritmo y no solo las humanas.
A nivel regional, esta dinámica se torna más crítica por la alta polarización ideológica, la velocidad de circulación del contenido y su fragmentación. A lo que se debe sumar, la atomización del ecosistema mediático, es decir el entorno ahora es más complejo.
“Hoy en día, los algoritmos no solo distribuyen contenido, pues también condicionan la percepción que el público desarrolla de una marca o institución. Es por esto, que la reputación ya no se construye solo con lo que decimos”, dijo Roger Darashah, socio y Cofundador de Latam Intersect.
Frente a este contexto, la nueva reputación corporativa se constituye con el análisis de modelos de IA, que priorizan ángulos emocionales. Así, el contenido relacionado con estos modelos influye directamente en el mercado, medios así como inversores.
Durante este 2026, dicha lógica se intensificará, ya que los algoritmos de IA tienden a amplificar los contenidos, que activan emociones. Principalmente, los de indignación o sorpresa y se atenúan todos aquellos, que se clasifican como muy controversiales.
“Ya que ahora la desinformación no es un accidente, las organizaciones no enfrentan rumores espontáneos, sino campañas planificadas. Donde se emplea a la tecnología, para segmentar e inventar narrativas que parecen reales”, acotó Claudia Daré, fundadora y Directora de Latam Intersect.
A lo largo de este año se consolidará una nueva reputación corporativa
También, se debe considerar que las primeras interpretaciones que circulan son las que suelen fijar la narrativa dominante. Esto a pesar de que posteriormente aparezca información más precisa, así la industria habla de esta nueva reputación corporativa.
Con dicha perspectiva, este aspecto se vuelve más volátil pero también se torna más predecible. Sobre todo en las empresas, que comprendan mejor cuáles señales se priorizan como claridad del mensaje, coherencia narrativa y velocidad de respuesta.
“La inteligencia artificial puede acelerar una crisis o fortalecer la reputación, pero todo depende de la base que le demos. Si la narrativa es sólida y coherente, la tecnología la amplifica. De lo contrario, se expone y así la reputación no se improvisa sino que se construye”, afirmó Darashah.
Ante dicho escenario, las organizaciones que logren sostener su nivel de confianza no son las que reaccionan más rápido, sino las que construyen una imagen estable. Con esto, la nueva reputación corporativa se debe considerar como un activo estratégico.
En resumen, la coherencia, documentación pública, alineación de voceros y claridad de propósitos se convierten en factores clave. Ya que alimentan a los algoritmos con señales consistentes, finalmente con ello se eliminan estas interpretaciones erróneas.
“Durante 2026, el reto no será cuántas herramientas de IA utilicen las empresas sino qué tan ética, coherente y ordenada es la estrategia de comunicación. Sólo aquellas marcas que integren la sensibilidad humana con IA y narrativas auténticas lograrán construir reputaciones sólidas”, concluyó Daré.









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